Por qué el Constitucionalismo Sostenible es la última frontera par a salvar la democracia

El derecho público global se encuentra en una encrucijada histórica frente al constitucionalismo sostenible. Las viejas fórmulas doctrinales del siglo XX ya no bastan para contener las crisis del siglo XXI. El cambio climático, la concentración hipertrófica de la riqueza, el debilitamiento institucional y la irrupción disruptiva de la Inteligencia Artificial están desafiando las bases mismas de nuestra civilización.

Ante este panorama, la Asociación Internacional de Derecho Constitucional (AIDC) ha lanzado una invitación académica central para el debate contemporáneo en el Congreso Mundial de Derecho Constitucional (WCCL), evento que congregará a un sinnúmero de abogados en la Universidad Externado (Bogotá) entre el 6-10 de julio de 2026 para  debatir sobre un tema controversial: Constitucionalismo sustentable: respuestas para un mundo cambiante.

Pero, ¿qué significa realmente este término y por qué el constitucionalismo sostenible necesita refundar, con urgencia, sus metodologías para pasar de la abstracción a la acción eficaz?

El doble significado de un concepto urgente

El término constitucionalismo sostenible encierra un poderoso juego de palabras. Diagnostica una crisis profunda y a su vez avizora una ruta de resiliencia para que los valores democráticos puedan coexistir en los nuevos ecosistemas sociales, políticos y tecnológicos. Es un concepto que se despliega en dos dimensiones críticas:

  • Fomento de sociedades viables: Se refiere al potencial del constitucionalismo sostenible para articular soluciones institucionales a desafíos ambientales y climáticos globales promoviendo modelos de desarrollo que no hipotequen el futuro de las próximas generaciones.
  • Preservación del núcleo axiológico: Describe la capacidad del constitucionalismo sostenible para mantener intactos sus valores fundamentales como los derechos humanos, estado de derecho y democracia frente a mutaciones tecnológicas, económicas y políticas sin precedentes, garantizando su vigencia, incluso, en contextos de conflicto armado.

La sostenibilidad constitucional no es, por  lo tanto, una declaración de principios pasiva. Es la exigencia de que el ordenamiento jurídico sea capaz de sobrevivir, adaptarse y mantener su eficacia material en entornos de extrema hostilidad o cambio acelerado.

Respuestas para un mundo cambiante: El fin de las certezas absolutas

La idea original del constitucionalismo ya no es evidente ni absoluta. Vivimos en un mundo de profundas contradicciones. Por un lado, los derechos humanos y el principio democrático se han internacionalizado formalmente, generando convergencias valiosas entre el derecho internacional y los tribunales nacionales. Por el otro, la noción original del constitucionalismo ya no es tan evidente ni absoluta.

Las evidencias abundan. La democracia ha sido cuestionada en todo el mundo, el papel de las altas cortes se ha debilitado por gobiernos autoritarios y populistas de corte transversal y algunos tribunales han asumido un rol excesivamente moderado en la defensa de sus cartas magnas. Cuando los mercados, la automatización y la captura institucional operan en detrimento de los ciudadanos, las garantías clásicas corren el riesgo de convertirse en simple poesía jurídica inoperante.

Frente a estas amenazas reales que ponen en riesgo la existencia misma de las especies humanas y no humanas, la academia necesita plantearse una pregunta: ¿Es la constitución parte de la solución o parte del problema?

Más allá de las dicotomías: La ruta metodológica del constitucionalismo sostenible

Para que el constitucionalismo sostenible deje de ser una abstracción y se transforme en una herramienta real de resiliencia, el manifiesto de la AIDC nos invita a romper las fronteras tradicionales del derecho público. Es hora de explorar los logros y los límites del constitucionalismo fuera de su esfera clásica de estudio.

Las respuestas a la evolución de la tecnología o al cambio climático no se encuentran encapsuladas de forma aislada en los códigos normativos. El éxito del constitucionalismo sostenible requiere enfoques multidisciplinarios que involucren:

  1. La importancia de los hechos y la política: Interpretar la constitución cruzándola con la realidad empírica de los mercados, los datos, los actores sociales y las situaciones políticas sobre el terreno.

  2. Enfoques alternativos de vanguardia: Incorporar la etnología, la antropología jurídica y la geografía jurídica para entender cómo las sociedades construyen y defienden la legalidad en la práctica.

  3. Cooperación académica e institucional: Fomentar que las instituciones académicas y organizaciones profesionales incentiven la investigación conjunta entre académicos y profesionales para generar una verdadera polinización cruzada de ideas.

Abordar estas cuestiones complejas exige revisar y reconstruir, de manera exhaustiva, los conceptos básicos de la teoría constitucional, superando la histórica dicotomía entre el Norte y el Sur globales a través de un diálogo interdisciplinario genuino.

Conclusión:

La resiliencia de una democracia en la era de la automatización y la crisis climática ya no depende de la confianza ciega en las estructuras formales del pasado. El nuevo paradigma del derecho público exige estructurar, debatir y defender un constitucionalismo sostenible por definición. Solo a través del diálogo interdisciplinario y de una comprensión profunda de los factores fácticos que moldean nuestra era, el derecho constitucional podrán ofrecer soluciones eficaces para un mundo cambiante.

El Congreso Mundial de Derecho Constitucional es el escenario ideal para el debate y la redefinición de categorías esenciales. Te invitamos a seguir  las discusiones de la comunidad jurídica internacional que persigue un derecho constitucional preparado para el futuro. Únete a Ágora.